«Me aterrorizaba que él notara la estrella dentro de mi suéter», señaló el Dr. Kahneman en un ensayo biográfico para las ceremonias del Premio Nobel. Pero el alemán sacó su cartera, le mostró una foto de un niño, le dio algo de dinero y lo despidió. “Regresé a casa más seguro que nunca de que mi madre tenía razón: la gente era infinitamente complicada e interesante”.